Diario de un posgrado VII – Archivos digitalizados

Hace años, durante mi segundo semestre de la carrera, una querida profesora (ahora querida, en ese entonces sumamente imponente) nos envío a visitar diversos archivos en la Ciudad de México. Con dos queridos amigos asistí a un hermoso archivo al sur de la ciudad, en la zona de San Ángel.

El objetivo de la actividad era presentarnos físicamente en los archivos, platicar con las personas a cargo y reunir información sobre las condiciones de consulta. Nuestra sorpresa fue que al pedir acceso al archivo la encargada nos dijo que eso era imposible. Nos contó sobre un largo proceso de digitalización con el objetivo de resguardar los documentos y, en cambio, nos invitó a consultar el repositorio de manera virtual. Pero lo que más me impresionó fueron sus palabras: «ahora que todo estará en digital, ustedes, historiadores en formación, ya no van a investigar porque todo lo van a ver en la computadora». Recuerdo poco más de esa visita, pero la frase de la encargada se quedó guardada en algún lugar de mi memoria y en los últimos días volvió a mi mente.

Hasta ahora contaba con un avanzado corpus documental que me había permitido sostener la parte inicial de la investigación. Con esto presenté un primer capítulo en junio pasado. Ahora tengo frente a mí la redacción de tres capítulos más, pero a partir de los comentarios que recibí sobre ese primer capítulo surgió el problema del ajuste de la investigación.

Era obvio que el material con el que contaba sería insuficiente para culminar la tesis, pero era un comienzo sólido. Con eso en mente y con algunos cambios en mis estrategias de búsqueda sobre las guías documentales es que me dispuse a volver al Archivo General de la Nación.

El traslado, desde donde vivó en la Ciudad de México, es pesado, agotador por el tráfico, pero manejable. Una vez superado eso tuve que sortear algunos procesos burocráticos para resellar mi credencial de investigador y en ese punto se me notificó que el 90% de lo que tenía que revisar se encuentra digitalizado.

Mi primera reacción fue de emoción ya que me ahorraría el tiempo de traslado y podría emplearlo en revisar la documentación, pero fue una alegría momentánea ya que me dijeron que los fondos en cuestión, aunque digitalizados, solamente pueden consultarse en el recinto.

Esta es la situación en la que se encuentra mi investigación por ahora: sortear la consulta de documentos digitalizados, y algunos físicos, para robustecer la base documental con la que podré avanzar en la redacción del segundo capítulo. No tengo problema con los procesos de digitalización y realmente creo que es maravilloso que se avance en este sentido para, algún día, ofrecer una mayor accesibilidad a la documentación. Y, lejos de lo que aseguraba la encargada de hace años, realmente creo que esto permitirá una mayor amplitud para ciertas investigaciones.