Hace años, en los 2000, antes de que surgiera el audio streaming, cuando teníamos otras formas de acercarnos a la música (CD’s, intercambios por la web, préstamos con amigos, etc.) descubrí a Joy Division.
Al menos entre mis amigos no era una banda muy conocida y creo que en general no es el tipo de agrupación que todo el mundo conozca, más bien es música que suena en círculos muy específicos, pero en ese momento me gustó mucho.
Entonces solamente teníamos 2 discos completos de la banda: Unknown Pleasures (1979) y Closer (1980), ambos en sus versiones originales que no habían pasado por la remasterización que llegó pocos años después y el lanzamiento de un disco de éxitos («lo mejor de…»). Creo que ese sonido con errores y ruido se sumaba muy bien a las ambiciosas composiciones de la banda.

Averigüé un poco más sobre la agrupación, especialmente sobre su vocalista, Ian Curtis, y entendí la razón de que solamente contáramos con 2 discos, pero poco después me enteré del estrenó de una película sobre su vida. Cuando la conseguí me pareció una gran película, por momentos desgarradora pero adecuada para contar parte de la historia de esta agrupación. Así pasó el tiempo, con mi gusto por Joy Division y el recuerdo de esa cinta.
El mes pasado recibí un correo de MUBI en el que me invitaban a reactivar mi suscripción (que tenía meses en suspenso porque no me hacía tiempo para aprovecharla) y entre las sugerencias de tentación apareció Control (2007) de Anton Corbijn. De inmediato tuve recuerdos de aquellos años en los que descubrí a Joy Division, pero sobre todo me vinieron imágenes de la película que, estaba seguro, no era como la recordaba así que acepté la propuesta de MUBI.

En su contexto, considero que la película ofreció una premisa novedosa ya que para ese año no era tan común, al menos no como ahora, la apuesta por biopics o bioseries. Seamos honestos, hoy es ridícula la oferta que existe en torno a este tipo de producciones, algunas bien elaboradas pero otras francamente risibles. En 2007 la propuesta de Anton Corbijn no solamente fue pionera sino que plasmó su propia visión artística: Corbijn, fotógrafo que siguió a la banda a finales de los 70 y que a lo largo de su trayectoria ha abonado a construir una imagen del rock de esa época a partir de sus composiciones sobrias, con escenarios tranquilos, blanco y negro, no solamente a través de Joy Division sino también mediante sus trabajos con U2, Depeche Mode, Nirvana, etc.
La película se concentra en el vocalista de Joy division, Ian Curtis (interpretado por Sam Riley), desde que tenía 17 años. Recorre los sucesos musicales que lo marcaron, su vida cotidiana, entrada a la banda, el éxito inicial y dos elementos que, según la narrativa, marcaron sus últimos años: el dilema amoroso entre su esposa y una admiradora de la banda y la manifestación de ataques epilépticos, circunstancias que lo llevaron a quitarse la vida a los 23 años. Es conveniente señalar que la película está basada en el libro Touching from a Distance que escribió, a modo de memorias, la esposa del músico, Deborah Curtis.
A nivel narrativo, nos encontramos ante una película que por momentos podría percibirse lenta, pero que se compensa muy bien con los abruptos giros que introduce la faceta Joy Division. Esta idea se conjuga muy bien con el tipo de música que creó la banda y ayuda a mantener distintos ritmos a lo largo de los 122 minutos de duración. Este elemento resalta, sobre todo, en las escenas donde se recrean las actuaciones en vivo de la banda en las que, es de sobra conocido, la presencia de Ian Curtis se imponía por sus curiosos movimientos, vestimenta común (camisa, pantalón de vestir y corbata) y precisión musical de los integrantes.
Vusalmente estamos frente a una cinta que plasma de manera fiel la perspectiva artística de Corbijn: blanco y negro con composiciones sobrias en la que encontramos los elementos necesarios para contar cada escena y no más (algo que para mucha gente podría recordar equivocadamente al minimalismo, pero digo erróneamente ya que los intereses visuales de Corbijn se sitúan en una perspectiva distinta). Este es el elemento más profundo y mejor desarrollado de la cinta, pero es preciso señalar que no termina por embonar propiamente con el ritmo de las actuaciones y la música, de tal forma que el momento en el que se debería transmitir mayor tensión para que el espectador se situé en la desesperación que llevó a Curtis a quitarse la vida no se logra por completo.
Control es una buena película para conocer a Joy Division, enterarse de lo que vivió su vocalista en los años de surgimiento y éxito de la banda, pero también para adentrarse en la visión artística de Anton Corbijn en la que el elemento visual es, por mucho, lo que más se recordará de esta cinta.

