Un vistazo a Han Kang (La vegetariana)

Hay libros que se convierten en lo que podríamos llamar, en el buen sentido, «fenómenos». Un día son conocidos entre grupos muy selectos y al siguiente, por una serie de eventos fortuitos (o intencionales), están en boca de todos.

Claro, a veces esos libros solamente están en boca de todos, pero son pocas las personas que se atreven a terminarlos. Así, hay libros que todos conocemos, que hemos escuchado, de los que hablamos una y otra vez, pero a veces ni siquiera los hemos leído.

A principios de este mes llegó a mis manos, gracias a un lindo regalo, un libro de ese tipo: La vegetariana, una obra que vio la luz hace casi 20 años y desde entonces fue reconocida como lo que es, una verdadera joya. Podría decir que el grueso de la obra de Han Kang era reconocida entre círculos muy específicos, pero cuando recibió el novel de literatura se catapultó a la fama, lo que derivó en un mayor interés por sus textos, especialmente por La vegetariana.

Entrar sin contexto a la lectura de La vegetariana podría resultar extraño para algunas personas. Lo digo en el sentido de que al revisar su estructura y abordar las tres partes que la conforman no se percibe una continuidad tan clara como en otras obras, pese a que efectivamente existe un hilo conductor. Esto se debe a la manera en que originalmente se concibió el texto ya que se trata de tres novelas cortas publicadas en momentos distintos que, eventualmente, se reunieron en un solo libro.

Mucho se ha escrito y producido audiovisualmente (pensemos en el fenómeno booktuber que se ha popularizado enormemente) en torno a La vegetariana. No obstante, pese a la relativa brevedad del libro los temas que aborda invitan a desarrollarlos en profundidad. En este sentido, me quedo con dos cuestiones que me dejaron pensando por mucho tiempo: la violencia normalizada que se usa para imponer la voluntad de aquellos que ostentan posiciones de poder frente a quienes no acatan sus designios y la incapacidad que tenemos, en muchos casos, para decidir sobre nuestro propio cuerpo.

Sin entrar en muchos detalles que podrían arruinar la experiencia de quien se aproxime por primera vez a esta obra, La vegetariana no es un libro sencillo, requiere de cierto esfuerzo para entrar de lleno en la narrativa de Han Kang y los temas, en muchos casos crudos y violentos, que explora a lo largo de las tres partes del libro. Con esto no quisiera desanimar a quien esté pensando darle una oportunidad, pero es necesario advertir que no es un texto fácil. No obstante, con ese pequeño esfuerzo se puede disfrutar de una joya literaria que invita a pensar más allá de sus 172 páginas.